¿Esto es urgente?
Aquí no decimos qué tiene tu animal — eso solo lo puede decir quien lo revise. Lo que hacemos es lo otro, que también hace falta y casi nadie escribe: separar las señales que obligan a salir ahora mismo de las que pueden esperar a mañana.
Si tu perro o tu gato está muy decaído, respira con dificultad, tiene
convulsiones o se desplomó, no leas: llama a tu veterinario.
Perros
- Caída de pelo en perros Mudar mucho pelo y quedarse sin pelo son cosas distintas. Y la pregunta que más ordena el diagnóstico es simple: ¿pica o no pica?
- Convulsiones en perros No se traga la lengua, y meterle la mano en la boca es como se pierden dedos. Lo que sí hay que hacer: quitar los muebles y mirar el reloj.
- Diarrea en perros Casi siempre se resuelve sola. Las excepciones son claras: cachorro, sangre en cantidad, vómito al mismo tiempo, o un perro que además está decaído.
- Encías pálidas en perros No es un síntoma que se busque: es uno que se encuentra al levantar el labio. Por eso conviene mirarlas cuando el perro está sano — para saber cómo se ven las suyas.
- Fiebre en perros La nariz seca no mide nada: es el mito más repetido que hay sobre perros. Lo normal va de 38 a 39 grados y solo lo dice un termómetro.
- La panza de mi perro está hinchada Una panza hinchada puede ser grasa, líquido o parásitos. O el estómago girado sobre su eje, que se mide en horas. Lo que separa un caso del otro no es la panza: es lo demás.
- Mal aliento en perros «Aliento de perro» es una expresión hecha, no un hecho médico. Un perro sano huele a poco, y el tipo de olor dice dónde buscar.
- Mi cachorro vomita En un adulto un vómito aislado casi siempre espera. En un cachorro de dos meses, no: la deshidratación y la bajada de azúcar llegan en horas.
- Mi perro arrastra el trasero por el suelo La creencia dice «tiene lombrices». La causa número uno son las glándulas anales, y el olor a pescado las delata.
- Mi perro babea mucho Lo que separa el babeo inofensivo del peligroso casi nunca es la cantidad, sino con qué viene acompañado y qué pasó en la última hora.
- Mi perro bebe mucha agua De las pocas señales que se miden en casa con una taza. Y de las que avisan más temprano: llega antes del adelgazamiento y mucho antes de que nada se vea mal.
- Mi perro cojea Dos preguntas ordenan todo: ¿empezó de golpe o poco a poco?, ¿apoya algo o nada? La respuesta cambia por completo lo que sigue.
- Mi perro está inquieto de noche Da vueltas, jadea, se levanta y se vuelve a echar. En un perro mayor eso rara vez es un mal hábito: suele ser dolor.
- Mi perro estornuda Estornudar es normal. Estornudar por un solo orificio, con sangre o de golpe después de olfatear el pasto, no lo es.
- Mi perro huele mal «Olor a perro» es casi siempre olor a algo concreto. Y bañarlo más seguido no arregla ninguna de las cuatro causas: suele empeorarlas.
- Mi perro no puede orinar Orinar poco y no poder orinar se ven igual desde la puerta. La segunda mata en uno o dos días.
- Mi perro no quiere comer Lo que decide no es el apetito, es lo que lo acompaña: si bebe, si está animado, si le duele la boca. «Es capricho» se concluye al final, no al principio.
- Mi perro regurgita la comida Sale solo, sin arcadas, con forma de salchicha y sin digerir. Eso no es vómito, y confundirlos manda al veterinario por el camino equivocado.
- Mi perro respira agitado Jadear con calor es normal; jadear en reposo, en casa fresca, no lo es. Contar las respiraciones dormido avisa semanas antes que la tos.
- Mi perro ronca En un pug o un bulldog el ronquido no es una gracia: es la señal audible de que respira con esfuerzo todo el día.
- Mi perro sacude la cabeza La otitis rara vez llega sola: casi siempre es la consecuencia de algo. Por eso la que se trata solo con gotas vuelve.
- Mi perro se lame las patas Casi nunca es manía. Y el pelo café de las patas no es suciedad: es saliva, y prueba que lleva más tiempo lamiéndose del que has visto.
- Mi perro se muerde la cola Parece un juego y casi nunca lo es. Las tres causas más frecuentes son picor, glándulas anales y dolor — en ese orden.
- Mi perro se orina en casa Casi siempre no es desobediencia. Los charcos donde durmió son incontinencia, y con eso la educación no tiene nada que ver.
- Mi perro se rasca mucho Casi nunca se resuelve con un champú: la comezón es un síntoma con seis o siete causas, y encontrar la suya lleva más de una visita. Saberlo evita meses de probar productos.
- Mi perro tiembla La pregunta útil casi nunca es cómo tiembla, sino qué más hay. Y un temblor no es una convulsión: en el temblor el perro sigue respondiéndote.
- Mi perro tiene caspa La caspa casi nunca se arregla con champú, porque casi nunca empieza en la piel. Empieza en lo que la piel está reflejando.
- Mi perro vomita en ayunas o de madrugada Espuma amarilla de madrugada o antes del desayuno. Casi siempre es el estómago vacío demasiadas horas, y casi siempre se arregla cambiando los horarios.
- Ojos rojos en perros Un ojo rojo puede ser una irritación banal o un glaucoma que ciega en horas. Lo que las separa no es el color, son tres señales.
- Perro decaído o triste «Está triste» es lo que se ve; el dolor es lo que suele haber debajo. Un perro con dolor no se queja, se queda quieto. Cómo distinguir y qué mirar primero.
- Sangre en la orina del perro Rosa, rojo o marrón. A veces es sangre, y a veces es músculo destruido o glóbulos rotos, que tiñen igual. Lo que decide la prisa no es el color: es si logra orinar.
- Tos en perros La tos seca que termina en arcada, «como si tuviera algo atorado», casi nunca es algo atorado. Cómo distinguir, qué grabar y por qué el jarabe humano no.
- Vómito en perros Un vómito aislado casi nunca es nada. Arcadas repetidas sin que salga nada, con la panza hinchada, sí: eso se mide en horas. Cómo distinguir uno de otro.
Gatos
- Bolas de pelo en gatos «Los gatos vomitan» es de las frases que más diagnósticos retrasa. La bola de pelo frecuente suele ser el síntoma visible de otra cosa.
- Diarrea en gatos La caja de arena es el mejor informe médico diario que existe, y es gratis. Qué mirar ahí, qué puede esperar y por qué la leche empeora las cosas.
- Mi gato adelgaza El pelo lo disimula meses, y en la mitad de los casos el gato come igual o más mientras se consume. Cuando se nota a simple vista, ya lleva tiempo pasando.
- Mi gato babea En perros babear es medio normal; en gatos casi nunca. Y la causa número uno es la boca, que duele mucho antes de que se note.
- Mi gato bebe mucha agua De las señales más útiles que da un gato, y de las más ignoradas: «bebe agua» suena a cosa sana. Casi siempre aparece meses antes que cualquier otro síntoma.
- Mi gato camina raro o se tambalea Un gato que se tambalea nunca está «tonto». Y si de pronto no mueve las patas traseras y grita, no es una consulta de mañana: es de ahora.
- Mi gato cojea Un gato que cojea es un gato que ya no pudo disimular. Y hay una urgencia que se disfraza de cojera: patas traseras frías es un coágulo, no una pata lastimada.
- Mi gato está decaído Un gato que lleva más de un día sin comer necesita ser visto aunque no tenga ningún otro síntoma. El ayuno felino se convierte en enfermedad por sí solo.
- Mi gato estornuda Lo que más se vigila no son los estornudos: es si come. Un gato que no huele deja de comer, y eso le daña el hígado en pocos días.
- Mi gato hace fuera de la caja Es el motivo número uno de abandono de gatos en el mundo, y uno de los que más solución tiene. Lo primero no es corregir: es descartar dolor.
- Mi gato maúlla mucho de noche En un gato joven suele ser aburrimiento. En uno mayor de diez años que empieza de pronto, la primera parada no es el adiestrador: es el análisis de sangre.
- Mi gato no come En el gato el ayuno no es un síntoma que se observa: es el mecanismo de la enfermedad. Cuarenta y ocho horas es el límite para dejar de esperar.
- Mi gato no orina Se ve igual que un estreñimiento, y esa confusión es lo peligroso: si lo tapado es la uretra, el gato muere en menos de dos días. Cómo distinguirlo y qué hacer ya.
- Mi gato respira rápido Un gato sano casi nunca jadea. Si abre la boca para respirar, lleva tiempo compensando en silencio, y eso ya no espera.
- Mi gato se lame mucho Casi nunca es por nervios. Y la prueba no está en verlo lamerse — está en el pelo cortado a ras de la panza.
- Mi gato se rasca las orejas En un gatito, casi siempre son ácaros — y si hay más animales en casa, ya los tienen todos. En un gato adulto, la explicación suele ser otra.
- Mi gato tose De la bola de pelo sale pelo; de la tos no sale nada. Esa confusión es la razón por la que muchos gatos asmáticos tardan meses en diagnosticarse.
- Mi gato vomita después de comer «Los gatos vomitan, es normal» es de las frases que más diagnósticos retrasa. Vomitar una vez al mes es una cosa; una vez por semana, otra.
- Vómito en gatos «Los gatos vomitan» es la idea que más diagnósticos retrasa. Una bola de pelo de vez en cuando, sí; todas las semanas, no — y casi siempre hay algo tratable debajo.
Perros y gatos
- Bulto o bolita bajo la piel Por fuera no se puede saber. El mastocitoma imita cualquier cosa, y por eso ningún bulto se juzga a ojo — se punciona.
- Encías rojas o que sangran Una encía sana es rosada y no sangra. Que sangre al comer no es «cosa de la edad»: es dolor crónico que lleva tiempo instalado.
- Pérdida de peso sin motivo En un gato de cinco kilos, medio kilo perdido no se ve a ojo. La báscula mensual vale más que la impresión.
¿Ya sabes qué tiene? Las fichas de enfermedades cuentan el resto: cómo se confirma, qué implica el tratamiento y qué esperar.