Enfermedades Perros y gatos
Linfoma
También: linfosarcoma · cáncer de ganglios · cáncer del sistema linfático
Pronto: en los próximos días
Ve AHORA MISMO si respira con esfuerzo o con el cuello estirado: una masa en el tórax puede comprimir los pulmones. Si lo que hay son ganglios crecidos en un animal que por lo demás está bien, la cita es esta semana — no es una urgencia de horas, pero tampoco algo que se observe durante un mes.
Qué se ve en casa
- Bolitas firmes e indoloras bajo la mandíbula, delante de los hombros, en axilas o ingles
- Pérdida de peso sin cambiar de comida
- Come menos o deja de comer
- Cansancio, duerme más, juega menos
- En gatos: vómito o diarrea que se repiten durante semanas
- Bebe y orina mucho más de lo normal
- Dificultad para respirar o tos, si hay masa en el tórax
- La cara o una pata se hinchan
A quién le pasa más
Perros de mediana edad y mayores, con un pico entre los seis y los nueve años · Gatos jóvenes positivos a FeLV: formas mediastínicas · Gatos mayores: forma intestinal, la más común hoy
Qué es
Un cáncer de los linfocitos, las células de defensa. Es de los tumores más frecuentes en perros y gatos, y también uno de los que mejor responden al tratamiento, lo cual sorprende a mucha gente: no cura, pero puede devolver meses o años de vida normal. En perros suele empezar por los ganglios, y la primera señal es una bolita firme e indolora bajo la mandíbula que la familia descubre por casualidad. En gatos es más frecuente la forma intestinal, con vómito, diarrea y pérdida de peso lenta, así que se parece a muchas otras cosas y se diagnostica más tarde.
Cómo se confirma
El primer paso suele ser rápido y barato: punción con aguja fina de un ganglio, que en muchos perros ya da el diagnóstico en el día. A partir de ahí se estadifica: biometría y química, ecografía abdominal, radiografías de tórax, y en gatos pruebas de FeLV y VIF. En el linfoma intestinal felino casi siempre hace falta biopsia, porque distinguirlo de una enfermedad inflamatoria intestinal no se puede solo con imagen. Existen además pruebas de clonalidad e inmunofenotipo que dicen si es de células B o T, y eso cambia el pronóstico de forma importante.
Qué suele implicar el tratamiento
El tratamiento estándar es la quimioterapia, y conviene decir cómo es en animales, porque casi todo el mundo imagina lo que ve en personas: las dosis se calculan para preservar la calidad de vida, no para llevar al límite, y la mayoría de los perros y gatos siguen comiendo, paseando y jugando durante el tratamiento. Los efectos secundarios existen —algo de vómito, diarrea o bajada de defensas— pero suelen ser manejables, y la caída de pelo es rara salvo en razas de pelo continuo. Hay protocolos de varios fármacos, más eficaces y más caros, y protocolos sencillos con un solo medicamento oral, menos eficaces pero mucho más accesibles. Cuando el tratamiento no es viable, existe la opción de cuidados paliativos con corticoides, que mejoran el bienestar durante un tiempo. Ninguna dosis aquí: la quimioterapia se calcula por superficie corporal y se ajusta con análisis antes de cada sesión.
Qué esperar
Depende mucho del tipo y del tratamiento elegido, y merece números honestos. Sin tratamiento, un linfoma multicéntrico canino avanza en semanas a un par de meses. Con protocolo multifármaco, la mayoría de los perros entra en remisión y muchos viven alrededor de un año con buena calidad de vida, algunos bastante más; el linfoma de células B responde mejor que el de células T. Con corticoides solos se ganan semanas o pocos meses. En gatos, el linfoma intestinal de células pequeñas puede controlarse durante años con tratamiento oral, mientras que las formas de células grandes son mucho más agresivas. No se cura, pero «no se cura» y «no hay nada que hacer» no son la misma frase.
Por qué pasa
- En la mayoría de los casos no se identifica una causa concreta
- Predisposición genética en ciertas razas
- Leucemia felina (FeLV) e inmunodeficiencia felina (VIF) en gatos
- Inflamación intestinal crónica en gatos, que puede preceder al linfoma intestinal
- Exposición al humo de tabaco en el ambiente
Qué se puede prevenir
- No hay prevención específica, pero sí dos medidas con efecto real
- Vacunar contra leucemia felina y hacer la prueba a gatos con acceso al exterior
- No fumar dentro de casa
- Palpar los ganglios cada mes: bajo la mandíbula, delante de los hombros, axilas e ingles. Encontrarlo pronto cambia el resultado
- Consulta anual, semestral a partir de los siete años
Cuánto cuesta atenderlo en México
Punción con aguja fina y citología, de $600 a $1,500 MXN. Estadificación completa con ecografía y radiografías, de $2,500 a $5,000 MXN. Inmunofenotipo, de $2,000 a $4,500 MXN. Protocolo multifármaco completo, de $25,000 a $60,000 MXN a lo largo de varios meses. Protocolo oral sencillo, de $1,000 a $3,000 MXN al mes.
Cuándo ir al veterinario
Esta semana ante cualquier bolita firme e indolora en las zonas de ganglios, aunque el animal esté perfecto. Ahora mismo si hay dificultad para respirar. Y sin esperar más si hay vómito o diarrea que llevan semanas en un gato, sobre todo si además adelgaza.
¿La quimioterapia lo va a hacer sufrir?
En animales el enfoque es distinto al humano: se busca calidad de vida, no curación a cualquier precio, y las dosis se ajustan a eso. La mayoría de los perros y gatos tolera bien el tratamiento y sigue con su vida normal. Si un animal lo lleva mal, se reduce o se cambia.
¿Se le va a caer el pelo?
Casi nunca. Solo en razas de pelo de crecimiento continuo, como poodle, schnauzer o bobtail, y suele ser parcial. Los bigotes sí se caen con frecuencia.
Si no puedo pagar la quimioterapia, ¿qué opciones hay?
Existen protocolos orales sencillos y el tratamiento paliativo con corticoides, que mejoran mucho el bienestar durante un tiempo. Vale la pena plantear el presupuesto de forma abierta en la consulta: hay caminos intermedios entre el protocolo completo y no hacer nada.
¿Se contagia a otros animales o a mí?
No. El linfoma no se contagia. Lo que sí se contagia entre gatos es la leucemia felina, que aumenta el riesgo de desarrollarlo.