Cada diciembre vuelve la misma cifra: que el 70 u 80 % de los animales regalados en Navidad o en Reyes termina en la calle. Se repite en boletines, en notas y en campañas de alcaldías. Vale la pena seguirla hasta su origen, porque lo que se encuentra ahí cambia el consejo.

De dónde sale el número mexicano

De una estimación, no de una cuenta. La propia PAOT lo dice con esas palabras: no existen cifras oficiales, y lo que hay es un cálculo de que buena parte de los animales adquiridos como regalo en esas fechas se abandona antes del primer año. En México no hay censo de perros y gatos, y los centros de control animal no reportan de dónde venía el animal que reciben. Nadie está midiendo mal: nadie está midiendo.

Eso no convierte el problema en inventado. La PAOT también reporta que desde 2019 el maltrato animal es la materia más denunciada ante ella, con casi 20 mil expedientes abiertos. Lo que no se puede sostener con datos mexicanos es la parte específica: que ser regalo sea la causa.

Lo que sí se midió, y da lo contrario

En Estados Unidos sí hay estudios de refugios que preguntan de dónde venía cada animal que entra. Van en la misma dirección, y no es la esperada.

  • Entre los 71 motivos de entrega registrados por Scarlett y colegas, «regalo no deseado» explicó el 0,3 % de los perros y el 0,4 % de los gatos. Para comparar: «no tengo tiempo» explicó el 10 % de los perros y las alergias de la familia el 18 % de los gatos.
  • En un trabajo sobre unos 2 600 perros y 2 300 gatos entregados a doce refugios, el riesgo de entrega fue de 1,5 a 3 veces mayor para los animales conseguidos en un refugio, con un amigo, en la calle o en una tienda que para los recibidos de regalo.
  • Patronek y colegas encontraron que los perros recibidos como regalo tenían un riesgo significativamente menor de acabar entregados que los comprados o adoptados.

A eso se sumó en 2013 una encuesta telefónica de la ASPCA a 1 006 adultos, de los cuales 222 habían recibido un perro o un gato de regalo en los diez años anteriores. De 218 respuestas útiles, 126 dijeron que recibirlo de regalo aumentó su apego al animal, 86 que no cambió nada y 6 que lo disminuyó. Y seguía en casa el 76,7 % de los que fueron sorpresa y el 82,1 % de los que eligieron ellos mismos — una diferencia que no alcanzó significancia estadística. Ni el apego ni la permanencia dependieron de que fuera regalo.

Por eso la ASPCA cambió su propia postura y dejó de pedir a los refugios que rechazaran a quien adopta para regalar.

Entonces el problema no es el moño

Lo que los datos señalan no es el envoltorio, es el destinatario. Un animal que llega a una casa donde alguien lo quería y lo esperaba no corre más riesgo por venir con moño. Un animal que llega a una casa donde nadie lo pidió corre riesgo, lo regalen en diciembre o lo compren en mayo.

Dicho sin rodeos: la pregunta útil no es «¿se vale regalar?», sino «¿esta persona quería un perro antes de que yo lo pensara?». Si la respuesta es sí, el regalo no es el riesgo. Si es no, ningún mes lo arregla.

Diciembre sí es mala semana, y por otra razón

Aquí los datos gringos no ayudan, porque la Navidad mexicana no se parece. Lo que hace de estas tres semanas un mal momento para que un animal llegue a casa no tiene que ver con regalar:

  • La pirotecnia. Del 12 de diciembre al 6 de enero suena casi todas las noches. Un cachorro que vive su primera semana de casa entre cohetes aprende a tenerles miedo en el peor momento posible para enseñarle lo contrario. Lo medido sobre eso está en qué funcionó de verdad contra el miedo a los cohetes.
  • La casa llena. Posadas, visitas, niños, puerta que se abre cada rato. Un animal recién llegado necesita exactamente lo contrario, y una puerta que se abre cada rato es por donde se sale.
  • La mesa. El ponche lleva pasas, los guisos de la cena llevan cebolla, y hay chocolate y uvas y pasas al alcance en casi todas las superficies. Son tres de las intoxicaciones más comunes y las tres son de temporada.
  • El veterinario cierra. Entre el 24 y el 1.º, la consulta de confianza no abre o abre a medias, y la urgencia cuesta más.

Cómo hacerlo si lo vas a hacer

La forma que es compatible con todo lo anterior:

  • Que la persona lo sepa. La sorpresa puede ser el animal concreto; no puede ser la decisión de tener uno.
  • Regala el compromiso en diciembre y el animal en enero. Una cartilla, el transportín, la cita de la primera consulta y el presupuesto del primer año dentro de una caja funcionan igual de bien debajo del árbol, y el animal llega cuando la casa ya se calmó.
  • Lleva el número real, no el del cachorro. En nuestro cálculo, en 72 de 93 razas los primeros doce meses cuestan más que el animal. Está desglosado en cuánto cuesta el primer año de un cachorro.
  • Adopta si se puede. No por moral: porque el animal de refugio ya está esterilizado y vacunado, y porque es el que no tiene a nadie esperándolo.
  • Prepara la llegada antes. Qué comprar y las primeras 48 horas se resuelven en una tarde y evitan la mitad de los sustos.

Lo que este artículo no puede decirte

Los números que sí se midieron son de Estados Unidos, de refugios y de una encuesta telefónica, y tienen diez años o más. No dicen qué pasa en México, donde la mayoría de los animales no pasa por un refugio y donde el abandono ocurre en la calle, sin registro. Lo que sí se puede afirmar es más corto, y es suficiente: la cifra del 70 % no está medida, y lo que está medido apunta al lado contrario. Quien quiera decirte otra cosa debería enseñarte el conteo.