El día que llega el cachorro casi todo el mundo hace lo mismo: enseñarle la casa entera, invitar a la familia a conocerlo, y dormir con él en la cama porque llora. Las tres cosas son comprensibles y las tres complican las semanas siguientes.

Un cachorro de ocho semanas acaba de perder a su madre, a sus hermanos y todos los olores que conocía, en un mismo día. Lo que necesita las primeras cuarenta y ocho horas no es estímulo: es un espacio pequeño, una rutina previsible y muy poca gente.

Antes de que llegue

  • Un espacio pequeño y cerrado: un corral, una habitación o la cocina. Cama en un rincón, agua, y el periódico o el tapete de entrenamiento lejos de la cama.
  • El mismo alimento que comía donde estaba. Se pide un puñado al criador o al refugio. El cambio de marca se hace después, en siete a diez días.
  • Cables recogidos, plantas fuera, químicos bajo llave. Las plantas frecuentes en casas mexicanas —potos, nochebuena, sábila, lirio— son tóxicas, y el lirio es letal para gatos.
  • Cita con el veterinario para los primeros tres días, aunque venga con papeles.
  • Placa con tu teléfono. Cien pesos, y es lo que hace que un vecino te llame en veinte minutos.

Las primeras horas

  1. Del coche, directo al lugar del baño. Antes de entrar a la casa. Si hace pipí, fiesta tranquila y premio: acabas de dar la primera clase.
  2. Enséñale solo su espacio, no la casa entera. Déjalo explorar ese cuarto a su ritmo, sin cargarlo ni perseguirlo.
  3. Sin visitas. Ni el primer día ni el segundo. La familia que quiere conocerlo puede esperar al fin de semana.
  4. Comida en el horario que ya tenía, cuatro veces al día hasta los cuatro meses. Si no come el primer día, es normal; si no come el segundo, se llama al veterinario.
  5. Que duerma cerca de ti la primera noche, pero en su cama o transportín, no en la tuya. Un transportín junto a la cama resuelve el llanto sin crear una costumbre que después habrá que deshacer.

La primera noche

Va a llorar. Es normal y no significa que esté sufriendo un daño: significa que está solo por primera vez en su vida.

Lo que funciona: transportín o cama junto a tu cama, para que te oiga y te huela. Una salida al baño a mitad de la noche —a los dos meses la vejiga no aguanta ocho horas—. Y un juguete con algo del olor del lugar de donde vino, si te lo dieron.

Lo que no funciona: dejarlo llorar en otro cuarto «para que aprenda». Eso no enseña a estar solo, enseña que estar solo da miedo, y es el principio del problema que después se llama ansiedad por separación.

El baño, desde el primer día

La regla mecánica: sacarlo al despertar, después de comer, después de jugar y cada dos horas. Un cachorro aguanta más o menos tantas horas como meses tiene, y eso es un recordatorio, no una promesa.

Cuando acierte: premio en el momento, no al volver a casa. Cuando falle: recoges en silencio y limpias con un producto enzimático, no con cloro —el olor a amoniaco del cloro se parece al de la orina e invita a repetir en el mismo sitio—. Regañar no enseña dónde hacerlo; enseña a esconderse para hacerlo.

Los errores que salen caros

  • Sacarlo a la calle antes de terminar el esquema de vacunas. El parvovirus vive meses en el suelo. Socializar es imprescindible, pero las primeras semanas se hace en brazos y en casas de perros vacunados conocidos.
  • Bañarlo el primer día. Huele a lo que huele y puede esperar. Un cachorro recién llegado y mojado es un cachorro asustado y con frío.
  • Dejarlo solo ocho horas el tercer día. Quedarse solo se enseña en segundos y se alarga en semanas, empezando mientras estás en casa.
  • Jugar con las manos. Es adorable a los dos meses y deja de serlo a los ocho, cuando el mordisco ya duele. Juguete de por medio desde el primer día.
  • Comprar por impulso en un puesto o por Marketplace. Cachorros de menos de ocho semanas, sin desparasitar y sin ver a la madre: es de donde salen los parvos y las camadas de criadero intensivo.

Qué es normal y qué no en estos dos días

Normal: llorar de noche, esconderse, no comer bien el primer día, hipo, dormir dieciocho horas, heces algo blandas por el cambio.

No normal, y es motivo de consulta el mismo día: vómito repetido, diarrea líquida o con sangre, no beber agua, temblor o tambaleo —en razas miniatura puede ser hipoglucemia—, encías pálidas, respiración con esfuerzo, o un cachorro que no se levanta.