La flora intestinal de un perro o un gato está adaptada a lo que come. Cambiar el alimento de golpe altera esa población de bacterias en horas, y el resultado es diarrea, gases y a veces vómito. No es que el alimento nuevo sea malo: es que el cambio fue brusco.
La transición, con números
Siete a diez días, mezclando en el mismo plato:
- Días 1 a 3: 25 % nuevo, 75 % viejo.
- Días 4 a 6: 50 % y 50 %.
- Días 7 a 9: 75 % nuevo, 25 % viejo.
- Día 10: todo nuevo.
En animales con estómago delicado, con enfermedad intestinal conocida o muy jóvenes, se estira a catorce días con pasos más pequeños. Estirarlo nunca hace daño; acortarlo casi siempre lo hace.
Un detalle práctico: las proporciones son por volumen del alimento nuevo respecto al total, no dos platos separados. Si el perro solo come lo que le gusta, mézclalos bien.
Si aparece diarrea de todos modos
- Vuelve al escalón anterior durante tres días, en vez de volver al principio.
- Cuando se estabilice, avanza con pasos más pequeños: de 25 % a 35 %, no a 50 %.
- Si con eso tampoco, para la transición y consulta: puede haber una intolerancia a un ingrediente concreto, y eso ya no es cuestión de ritmo.
Y una regla que ahorra confusión: no cambies dos cosas a la vez. Alimento nuevo y premios nuevos la misma semana hace imposible saber cuál fue.
Cuándo el cambio no era el problema
Es fácil culpar al alimento nuevo de una diarrea que empezó por otra cosa. Sospecha de algo distinto si:
- Hay sangre en las heces.
- Hay vómito repetido además de diarrea.
- El animal está decaído o no quiere comer nada, ni lo viejo.
- Hay fiebre.
- Es un cachorro o un gatito: ahí la deshidratación llega en horas y el margen es otro.
- La diarrea dura más de dos días pese a volver al alimento anterior.
Cuándo conviene cambiar y cuándo no
Cambiar de alimento tiene sentido cuando lo indica el veterinario, cuando el animal pasa de una etapa a otra —cachorro a adulto, adulto a senior— o cuando el actual está claramente sentando mal. No lo tiene por variedad: los perros y gatos no se aburren de su comida como nosotros, y el rotar marcas cada mes es una de las causas de diarrea crónica que más se pasan por alto.
Si el motivo es que el animal «ya no quiere» su comida, antes de cambiar conviene descartar dolor de boca y náusea. Un gato que deja de comer su croqueta de siempre está diciendo algo, y casi nunca es aburrimiento.
La parte que se olvida: la ración
El alimento nuevo casi nunca tiene las mismas calorías por gramo que el viejo. La medida de la taza que servía antes puede estar dando un 20 % más o menos de energía. Busca las kilocalorías por kilogramo en el saco nuevo —suele estar en letra pequeña al reverso— y recalcula la ración el día que termines la transición.