Este ladrido tiene una particularidad que lo explica entero: siempre funciona. El perro ladra, y el que estaba al otro lado de la puerta se va. Desde su punto de vista, la conducta tiene un cien por cien de éxito, y ninguna conducta con ese porcentaje se abandona sola.

Por eso el trabajo no consiste en castigar el ladrido, sino en cambiar lo que significan el timbre y la puerta.

Lo primero: que el timbre deje de anunciar visita

Necesitas poder hacer sonar el timbre veinte veces en una tarde. Una grabación en el teléfono o un timbre inalámbrico barato sirven.

  1. Suena el timbre. No pasa nada. Tú sigues sentado. Repite hasta que el perro deje de reaccionar. Puede llevar varias sesiones.
  2. Suena el timbre y aparece comida. Lanzas premios al suelo, lejos de la puerta. El timbre pasa de anunciar intruso a anunciar comida.
  3. Suena el timbre y él va a su tapete. Lo guías al principio; después va solo. Premia ahí, varios premios seguidos.
  4. Suena el timbre, va al tapete, tú abres. Sin nadie fuera al principio.
  5. Con un cómplice que entre y salga varias veces seguidas. Diez repeticiones en una tarde enseñan más que diez visitas reales en dos meses.

Lo segundo: cambiar el entorno

Mientras entrenas, quítale acceso al puesto de vigilancia:

  • Que su cama esté lejos de la puerta y sin vista al pasillo.
  • Película opaca en el cristal que da a la calle, o una cortina.
  • Ruido de fondo que enmascare los pasos del exterior.
  • Reja de bebé en el recibidor: no puede llegar a la puerta cuando llaman, y eso baja la excitación.

Esto no es rendirse: es dejar de practicar el ladrido diez veces al día mientras se enseña otra cosa.

El caso del cartero, específicamente

Es el más difícil porque es diario y siempre a la misma hora. Dos ideas que ayudan:

  • Anticípate. Si sabes la hora aproximada, ten al perro ocupado con un juguete relleno antes de que llegue. Que la visita coincida con algo bueno y no con el aviso.
  • Si es posible, que el cartero le dé un premio — muchos aceptan. Se rompe la asociación entera de golpe: el intruso pasa a ser el que trae comida.

Lo que no hay que hacer

  • Gritar «¡cállate!». Para el perro, tú te uniste al ladrido.
  • Collar antiladrido. Desaconsejado por las asociaciones veterinarias de conducta, y en perros que ladran por alarma o miedo suele aumentar la ansiedad sin quitar la causa.
  • Dejarlo llegar a la puerta y luego apartarlo a la fuerza. Añade forcejeo a un momento que ya está cargado.
  • Permitir a veces sí y a veces no. Si algunos días te hace gracia que avise, la conducta se refuerza de forma intermitente, que es la manera más sólida de fijarla.

Qué esperar

Que deje de ladrar por completo es poco realista y tampoco es el objetivo: avisar es una conducta normal. Lo alcanzable es que ladre dos o tres veces y se calle cuando se lo pidas, o que vaya a su tapete al oír el timbre. Con trabajo diario, eso se consigue en unas semanas.

Y si el ladrido viene con pelo erizado, gruñido sostenido, o el perro intenta morder la puerta, ya no es alarma: es miedo o defensa, y eso se trabaja con un especialista en conducta antes de que alguien entre a la casa.