La preparación empieza meses antes, y la razón es sencilla y se olvida siempre: si el perro pierde privilegios el día que llega el bebé, aprende que fue el bebé quien se los quitó. Todos los cambios se hacen con antelación suficiente para que, cuando llegue el niño, la vida del perro ya sea la que va a ser.
Lo que se cambia con meses de antelación
- Dónde duerme. Si va a dejar de dormir en la habitación o en la cama, múdalo ahora.
- Los cuartos prohibidos. Instala las rejas de bebé y ciérralas ya, para que la puerta cerrada no coincida con la llegada.
- Los horarios. Ajusta paseos y comidas a lo que será realista con un recién nacido, no a lo que es ahora.
- Quién lo pasea. Si va a cambiar la persona, que cambie antes.
- El mueble del bebé. Monta cuna y cambiador con semanas de anticipación y deja que el perro los huela con calma.
Lo que se entrena
- Ir a su sitio. Que a la palabra «a tu cama» se vaya y se quede. Es la orden más útil de todas cuando tienes al bebé en brazos.
- No saltar. Un perro que salta sobre alguien que carga a un recién nacido es un accidente.
- Caminar con la carriola. Practica con la carriola vacía, semanas antes, hasta que sea rutina.
- Soltar lo que tiene en la boca. Va a haber chupones, calcetines diminutos y juguetes blandos por el suelo.
- Quedarse solo tranquilo. El perro va a pasar más ratos solo de los que pasaba.
Los sonidos y los olores
Hay grabaciones de llanto de bebé disponibles en línea. Se ponen a volumen muy bajo mientras el perro come o recibe premios, y se sube poco a poco a lo largo de semanas. El objetivo no es que se acostumbre al ruido: es que el ruido prediga algo bueno.
Con los olores: crema, talco, aceite de bebé aplicados en tus manos días antes. Y cuando el bebé nazca, si es posible, que alguien lleve a casa una manta con su olor antes de que llegue.
El día de la llegada
- Que alguien saque al perro a pasear antes, para que llegue cansado.
- Salúdalo tú primero, sin el bebé en brazos. Lleva días sin verte y necesita descargar esa emoción con alguien que no sea el niño.
- Después, presentación tranquila: el bebé en brazos de otra persona, sentada, y el perro con correa floja, que se acerque y huela desde una distancia cómoda.
- Nada de forzar. Si el perro se aleja, perfecto: es exactamente lo que debe poder hacer.
- Premios mientras el bebé está presente, y se acaban cuando el bebé se va. Eso construye la asociación correcta.
Las reglas que no se negocian
- Nunca solos. Ni un segundo, ni siquiera para contestar la puerta, ni siquiera con el perro más noble del mundo. Esta regla no tiene excepciones y dura años.
- El perro tiene un sitio intocable donde nadie lo molesta, y eso incluye al niño cuando empiece a gatear.
- Nunca se regaña un gruñido. Es un aviso, y castigarlo enseña al perro a no avisar. El perro que «mordió sin previo aviso» casi siempre es un perro al que le quitaron el aviso.
- Reja de bebé entre las zonas, siempre disponible.
- Nada de fotos con las caras juntas. Es la postura que precede a las mordidas faciales, que en niños pequeños son las más frecuentes.
Protege el tiempo del perro
La regresión de conducta después de un nacimiento —destrozos, orina en casa, ladrido nuevo— es casi siempre un perro que pasó de dos paseos a uno y de atención a ninguna. Quince minutos diarios de atención exclusiva, sin bebé de por medio, valen más que cualquier técnica.
Cuándo pedir ayuda antes de que nazca
Si tu perro gruñe al acercarte a su comida o a su cama, si ha mostrado los dientes a alguien, si tiene ansiedad por separación o si reacciona mal a los niños en la calle, esa conversación se tiene con un especialista en conducta durante el embarazo, no después. Es el único momento en que hay tiempo y calma para trabajarlo.