La pregunta suele ser «¿caben dos gatos en cincuenta metros?», y la respuesta es que casi siempre sí, pero por razones que no tienen que ver con los metros. Un gato no mide su territorio en superficie: lo mide en recursos disponibles sin competir y en volumen aprovechable, que incluye lo que está a dos metros del suelo.

La cuenta de recursos

La regla que resuelve la mayoría de los conflictos es uno por gato, más uno, y aplica a todo:

  • Areneros: tres para dos gatos, en sitios distintos y alejados entre sí. Dos areneros pegados cuentan como uno para el gato.
  • Comederos: tres, en habitaciones distintas si es posible. Comer bajo la mirada del otro es una de las fuentes de tensión más comunes y menos evidentes.
  • Bebederos: tres, y siempre lejos de la comida y del arenero.
  • Rascadores: tres, en zonas de paso.
  • Camas y escondites: más que gatos, y de tipos distintos: alto, cerrado, y a ras de suelo.

Repartir los recursos por la casa, y no agruparlos todos en el mismo rincón, es la diferencia práctica entre dos gatos que conviven y dos gatos que se evitan con tensión.

La altura, que es donde está el espacio de verdad

Un departamento pequeño tiene poco suelo y mucha pared sin usar. Para un gato, eso es territorio desaprovechado:

  • Repisas escalonadas en la pared, que permitan subir y bajar por varios caminos.
  • Un árbol para gatos alto y estable, y mejor dos bajos en sitios distintos que uno enorme en un rincón.
  • Acceso a la parte alta de un mueble junto a una ventana. Mirar la calle desde arriba es la televisión del gato.
  • Rutas de escape: lo importante es que un gato pueda salir de cualquier sitio sin pasar junto al otro. Un pasillo estrecho con una sola salida es donde ocurren los conflictos.

Señales de que no están bien, aunque no peleen

Los conflictos entre gatos rara vez son peleas ruidosas. Son mucho más sutiles:

  • Uno bloquea el paso al arenero o al comedero, quedándose sentado cerca sin hacer nada aparente.
  • Uno come solo cuando el otro no está.
  • Uno pasa el día en un solo cuarto o encima del ropero.
  • Orina fuera del arenero, que es la queja que más veces resulta ser un problema entre gatos y no del arenero.
  • Se lame de más hasta dejar zonas sin pelo.
  • Miradas fijas y sostenidas entre ellos, sin sonido.

Qué hacer si ya hay tensión

  1. Multiplica y separa los recursos antes que nada. Muchos casos se resuelven solo con esto.
  2. Añade altura y rutas alternativas.
  3. Alimenta en cuartos separados, a la misma hora.
  4. Juego individual con cada uno, con varita, todos los días. Un gato que caza y come duerme tranquilo, y baja la tensión general.
  5. Si hay agresión abierta, separación completa y reintroducción desde cero, como si acabaran de conocerse.

Cuándo el problema no son los gatos

Antes de tratarlo como conducta, conviene descartar lo médico, sobre todo si el cambio fue reciente. Dolor, problemas urinarios, hipertiroidismo y pérdida de visión cambian la tolerancia de un gato hacia el otro. Un gato mayor que de pronto no soporta al joven muchas veces está diciendo que le duele algo.