Con los gatos la conversación sobre vacunas empieza casi siempre en el mismo punto: «pero si nunca sale de casa». Es una objeción razonable y también el motivo por el que muchos gatitos pasan sus primeros meses desprotegidos frente a lo único que de verdad los mata a esa edad.

El virus entra en los zapatos

La panleucopenia felina es un parvovirus, primo del de los perros, y comparte con él una propiedad incómoda: sobrevive meses en el ambiente y resiste a la mayoría de los desinfectantes caseros. Se pega a la suela de los zapatos, a la ropa, a una caja de cartón que estuvo en la calle. Un gato de interior estricto puede infectarse sin haber salido nunca, y en gatitos la mortalidad es alta.

Por eso la respuesta corta a «¿mi gato de interior necesita vacunas?» es sí, al menos las esenciales. Lo que cambia con el estilo de vida son las otras.

La triple felina, y por qué se repite

La vacuna que aquí se llama triple felina cubre las tres esenciales: panleucopenia, herpesvirus felino y calicivirus. Las dos últimas son las responsables del cuadro respiratorio que todo el mundo conoce como gripa del gato, con estornudos, ojos llorosos y úlceras en la boca.

Igual que en perros, no se pone una dosis sino una serie, y por la misma razón: los anticuerpos que el gatito recibió de su madre lo protegen al principio y a la vez bloquean la vacuna. Nadie sabe el día exacto en que bajan, así que se repite hasta pasar la fecha segura.

  • 6 a 8 semanas: primera dosis
  • 10 a 12 semanas: segunda dosis
  • 14 a 16 semanas: tercera dosis, la que cierra la serie
  • Refuerzo entre los 6 y los 12 meses, y después cada uno a tres años

La regla que más se incumple es la misma que en perros: la última dosis va a las 16 semanas o después. Terminar a las 12 deja un hueco, y ese hueco es donde aparecen los casos de panleucopenia en gatitos «ya vacunados».

Leucemia felina: la prueba antes que la vacuna

La leucemia felina (FeLV) se transmite por contacto estrecho y prolongado entre gatos: acicalado mutuo, platos compartidos, peleas. Se recomienda para todo gatito, porque a esa edad son especialmente susceptibles y porque nadie sabe todavía cómo va a vivir ese gato dentro de dos años.

Hay un paso previo que conviene no saltarse: se hace la prueba antes de vacunar. Un gato que ya está infectado no se beneficia de la vacuna, y saberlo cambia cómo se maneja su vida y su convivencia con otros gatos. La prueba es rápida y se hace en la propia consulta.

Después de la serie inicial de dos dosis, el refuerzo se mantiene en gatos con acceso al exterior o que conviven con gatos de estatus desconocido. En un gato de interior estricto y solo, se puede replantear con el veterinario.

Rabia

Obligatoria y gratuita en las campañas de la Secretaría de Salud, que incluyen también a los gatos aunque mucha gente crea que son solo para perros. Se pone a partir de los tres meses y es indispensable para cualquier viaje.

Guarda el comprobante con la fecha. Es el papel que hace falta después y el que nadie encuentra cuando lo necesita.

Las que dependen del caso

  • Clamidia felina: se considera en gatos que viven en grupo, criaderos o refugios, donde la conjuntivitis se transmite con facilidad.
  • Peritonitis infecciosa felina (PIF): existe una vacuna, pero no está entre las recomendadas de forma general y su utilidad es discutida. Conviene hablarlo con el veterinario en lugar de darla por hecho.

Lo que sí conviene saber del sitio de la inyección

En gatos existe un problema raro pero real: un tipo de tumor que puede aparecer en el punto donde se aplicó una inyección, meses o años después. Es poco frecuente, no es motivo para no vacunar, y por eso las vacunas felinas se ponen en zonas concretas de las patas y no entre los hombros: si algo aparece, se puede tratar con cirugía.

Lo práctico para casa: si notas un bulto en el sitio de una vacuna que dura más de tres meses, mide más de dos centímetros o sigue creciendo un mes después, enséñaselo al veterinario.

Antes de la cita

Se vacuna a un gatito sano. Con diarrea, fiebre o una infección respiratoria activa, la cita se pospone unos días. Y quédate cerca la media hora siguiente: las reacciones son poco frecuentes, pero aparecen pronto y se resuelven bien si se atienden rápido.