Un perro no se vuelve viejo el día que cumple siete años, y no todos llegan a esa etapa a la misma edad: un gran danés es senior a los cinco o seis, un chihuahua a los diez u once. La regla práctica es que el último cuarto de la esperanza de vida de su tamaño es la etapa senior.

Lo que sí cambia a partir de ahí es el plan. Y sobre todo cambia una cosa: deja de ser razonable atribuir los síntomas nuevos a la edad.

La frase que hay que dejar de decir

«Ya está viejo» explica muy poco y esconde mucho. Debajo de ella suelen estar:

  • Dolor articular. El perro que ya no sube al sofá, que se levanta despacio o que se cansa en el paseo casi nunca está «flojo»: le duele. La artrosis se maneja bien y cambia por completo la calidad de vida.
  • Enfermedad dental. El mal aliento no es normal a ninguna edad. Un perro con enfermedad periodontal avanzada tiene dolor crónico y una fuente de infección permanente.
  • Hipotiroidismo. Apatía, aumento de peso sin comer más, pelo ralo. Se confirma con un análisis y se trata con una pastilla barata.
  • Enfermedad renal. Beber más y orinar más es la señal, y aparece cuando ya se perdió buena parte de la función. Detectarla temprano cambia años de vida.
  • Pérdida de visión o de oído. El perro que «ya no obedece» a veces simplemente no oye.
  • Disfunción cognitiva. Desorientación, cambio del ciclo de sueño, ladrar sin motivo por la noche, olvidar rutinas aprendidas. Tiene manejo, y cuanto antes se empieza, mejor funciona.

Chequeos: de una vez al año a dos

Es el cambio más concreto de esta etapa. Un año de un perro senior equivale a varios humanos, y un intervalo de doce meses deja mucho margen.

Qué conviene que incluya, más allá de la revisión física:

  • Biometría hemática y química sanguínea. De 700 a 2,000 pesos las dos juntas en México.
  • Examen general de orina. De 300 a 700 pesos, y es donde primero se ve el riñón: la densidad urinaria cambia antes que la creatinina en sangre.
  • Presión arterial, sobre todo si hay sospecha renal o cardiaca.
  • Perfil tiroideo, si hay señales.
  • Revisión de la boca y decisión sobre limpieza dental.
  • Peso anotado en cada visita. Una pérdida del 10 % sin cambiar la comida es motivo de estudio, no de tranquilidad.

Y una pregunta que conviene hacer expresamente: «¿le duele algo?». Los perros ocultan el dolor, y muchos dueños descubren cuánto tenía solo cuando ven al animal después de empezar el tratamiento.

Qué ajustar en casa

  • Tapetes en los pisos resbalosos. Duela y porcelanato castigan caderas y rodillas, y el miedo a resbalar reduce la actividad antes de que el dolor lo haga.
  • Rampas o escalones para el sofá y el coche, en vez de saltos.
  • Cama más gruesa, y en un lugar sin corriente de aire.
  • Paseos más cortos y más frecuentes, en vez de uno largo. El olfateo cansa sin castigar las articulaciones, y en un perro mayor vale más que la distancia.
  • Uñas más cortas. Un perro que se mueve menos no las desgasta, y las uñas largas cambian la pisada y empeoran el dolor.
  • Agua en varios puntos de la casa, para que beber no dependa de recorrer un pasillo.
  • Frío y calor pesan más. En el altiplano mexicano, una cama alejada del piso frío; en costa, sombra y horarios de paseo estrictos.

Comida

No todos los perros mayores necesitan «alimento senior»: la etiqueta no está regulada igual que la de crecimiento y varía mucho entre marcas. Lo que sí conviene:

  • Vigilar el peso en los dos sentidos. El sobrepeso multiplica el dolor articular; la pérdida de masa muscular en un perro mayor es un problema distinto y también serio.
  • No bajar la proteína por su cuenta. La idea de que «el perro viejo necesita menos proteína para cuidar el riñón» no se sostiene en un animal sano, y la restricción sin necesidad acelera la pérdida de músculo. Si hay enfermedad renal diagnosticada, es otra conversación y la lleva el veterinario.
  • Alimento terapéutico solo con indicación. Renal, cardiaco o articular: son dietas con un propósito clínico, no una versión premium.

Lo que no cambia

El paseo, el juego y el trabajo mental. Un perro mayor que deja de salir se deteriora más rápido, y buena parte de lo que se lee como demencia es aburrimiento y falta de estímulo. Cinco minutos de buscar premios escondidos hacen más por un perro de doce años que una cama nueva.