Un gato que vive dentro está protegido de los coches, de las peleas, de la leucemia felina y de los envenenamientos, y eso se traduce en bastantes años más de vida. El costo es que su mundo se reduce a unos metros cuadrados, y si esos metros no ofrecen nada, aparecen las conductas que la gente llama «problemas»: arañar muebles, maullar de noche, comer de más, lamerse hasta pelarse.
Casi todo eso se resuelve organizando la casa, no comprando cosas.
Altura, que es lo primero
Para un gato, el suelo es la parte menos interesante de la casa. La altura da seguridad, perspectiva y territorio sin ocupar metros:
- Repisas escalonadas en la pared, con al menos dos formas de subir y bajar.
- Un sitio alto junto a una ventana. Mirar la calle es su televisión, y una repisa con vista vale más que la mayoría de los juguetes.
- Árbol para gatos estable y alto; mejor dos medianos en cuartos distintos que uno enorme en un rincón.
- Escondites a ras de suelo también: una caja de cartón de lado sigue siendo el mejor juguete del mercado.
Que tenga que cazar la comida
Un gato en libertad hace entre diez y veinte cacerías pequeñas al día. Un gato de interior con un plato lleno resuelve la comida en dos minutos y le sobran veintitrés horas.
- Comederos de rompecabezas, comprados o hechos con una botella agujereada.
- Comida repartida en varios puntos de la casa, que tenga que buscar.
- Croquetas escondidas en cajas, tubos de cartón o entre juguetes.
- Varias tomas pequeñas al día en vez de dos grandes. Dejar croqueta libre todo el día es la vía directa al gato obeso.
Juego, y del tipo correcto
El juego del gato es una secuencia de caza completa: acechar, perseguir, atrapar, morder. Un puntero láser solo da las dos primeras y deja al gato sin el final, y por eso frustra a muchos.
- Varita con plumas o tela, moviéndola como una presa: escondiéndose, parando, huyendo. No en círculos delante de la cara.
- Termina siempre con una captura real —que atrape el juguete— y después dale de comer. Cazar, comer, limpiarse, dormir: en ese orden, que es el suyo.
- Dos sesiones de diez minutos al día, y una de ellas al atardecer, que es cuando su actividad sube de forma natural.
- Si usas láser, termina la sesión dejándolo sobre un juguete físico que sí pueda atrapar.
Lo demás que hace la diferencia
- Hierba para gatos en maceta, que además reduce que mordisquee las plantas de casa.
- Rotar los juguetes: tres a la vista y el resto guardados, cambiando cada semana. Los mismos juguetes siempre disponibles dejan de existir.
- Ventanas con malla para que pueda estar en ellas sin riesgo. Es lo que más cambia la vida de un gato de departamento.
- Un balcón cerrado con red, si lo hay: aire, olores y sol, sin peligro.
- Rutina estable. Los gatos toleran mal los cambios imprevisibles, y agradecen horarios.
Señales de que la casa no le alcanza
- Maúlla de noche o pide atención de forma insistente.
- Araña muebles pese a tener rascadores.
- Come de más y sube de peso.
- Se lame hasta dejar zonas sin pelo.
- Duerme prácticamente todo el día, incluso al atardecer.
- Ataca los pies o las manos al pasar.
Antes de tratarlo como aburrimiento conviene descartar lo médico, sobre todo si el cambio fue reciente y el gato pasa de siete años: dolor, hipertiroidismo y problemas urinarios producen varias de esas mismas conductas.