Un cachorro nace sin dientes, saca los de leche entre las dos y las cuatro semanas —veintiocho en total— y empieza a cambiarlos hacia los tres o cuatro meses. A los seis o siete debería tener la dentadura definitiva: cuarenta y dos piezas en el perro, treinta en el gato.
Ese periodo de cambio incomoda, y explica buena parte de la etapa en que el cachorro muerde todo. No la explica entera —también muerde por juego y por explorar—, pero sí la vuelve más intensa.
Qué es normal
- Encías rojas alrededor del diente que se está cayendo.
- Algo de sangre en los juguetes o en el agua.
- Ganas de morder todo, sobre todo cosas frías o firmes.
- Comer un poco menos algunos días.
- Encontrar dientes por la casa, o no encontrarlos nunca: la mayoría se los tragan y no pasa nada.
- Más babeo de lo habitual.
Qué darle
- Juguetes de goma resistente, del tamaño que no quepa entero en la boca.
- Juguetes rellenables congelados: el frío alivia de verdad, y además le da trabajo mental. Es lo que mejor funciona.
- Un trapo mojado y congelado, siempre con supervisión.
- Juguetes de distintas texturas, para que encuentre el que le sirve.
Lo que no conviene dar: huesos duros y astas, que son causa frecuente de fractura del cuarto premolar; huesos cocidos, que se astillan; cuero prensado, que al ablandarse puede obstruir; y tus manos, que a los tres kilos parece un juego y a los veinte ya no.
El detalle que sí necesita veterinario
A veces un diente de leche no se cae y el definitivo sale a su lado. Se llama diente retenido, es muy frecuente en razas miniatura y en braquicéfalos, y se ve sobre todo en los colmillos: dos colmillos juntos donde debería haber uno.
No se resuelve solo, y no es estético: los dos dientes juntos atrapan comida y pelo, aceleran la enfermedad periodontal en esa zona, y el definitivo puede salir torcido. Se extrae, y el momento habitual es aprovechar la anestesia de la esterilización, alrededor de los seis meses.
Por eso conviene mirarle la boca cada semana entre los cuatro y los siete meses, y contar los colmillos.
Otras cosas que revisar en esta etapa
- Mordida desalineada. Si los dientes de arriba y de abajo no encajan, se valora: algunas maloclusiones causan que un diente hiera el paladar.
- Dientes rotos. Un cachorro que muerde piedras o rejas se rompe piezas, y un diente roto con la pulpa expuesta duele y se infecta.
- Encía muy inflamada o con pus, que ya no es cambio de dientes.
Lo que se enseña mientras tanto
La dentición explica el mordisco, no lo justifica. Es exactamente la ventana en la que se enseña a controlar la fuerza de la boca, y esa lección dura toda la vida:
- Cuando muerda tu mano, un sonido agudo y detener el juego unos segundos.
- Cambia siempre la mano por un juguete, no apartes la mano sin más.
- Nunca juegues con las manos desde el principio.
- Rota los juguetes: tres a la vista y el resto guardados, cambiando cada pocos días.
Y aprovecha: es el mejor momento de toda su vida para acostumbrarlo a que le toquen la boca. Un cachorro al que se le manipula la boca a diario con premios es un perro adulto al que se le pueden cepillar los dientes.