Un perro cuesta en México entre 15,000 y 40,000 pesos al año, y casi toda la diferencia la explica el tamaño. No es una cifra que se pueda dar sin desglosar, así que aquí está el desglose.

Lo que se gasta cada mes

  • Alimento: de 500 pesos al mes en un perro pequeño con croqueta media a más de 2,000 en un perro grande con alimento de gama alta. Es la partida que más pesa.
  • Antiparasitario externo: 200 – 600 pesos mensuales, y en México no es opcional — la garrapata transmite enfermedades graves en buena parte del país.
  • Desparasitación interna: 100 – 300 pesos cada dos o tres meses.
  • Estética: cero en un perro de pelo corto, 400 – 900 pesos cada cuatro a seis semanas en uno de pelo largo o rizado.
  • Arena, bolsas, juguetes, camas: 200 – 500 pesos al mes de promedio.

Lo que se gasta una vez al año

Consulta anual con vacunas de refuerzo: 800 – 2,000 pesos. A partir de los siete años conviene sumar análisis de sangre y orina en el chequeo, otros 800 – 1,800 pesos, y esa es la partida que más problemas evita, porque las enfermedades que matan perros mayores empiezan calladas.

El primer año es distinto

Suma la serie completa de vacunas, la esterilización y el equipo inicial. Como referencia: esterilización de 1,500 a 6,000 pesos en clínica privada según tamaño, y hay campañas públicas donde cuesta mucho menos o nada. Con todo, un primer año realista va de 20,000 a 50,000 pesos.

Y la partida que descuadra todo

La urgencia. Una emergencia veterinaria en México puede costar decenas de miles de pesos, y llega sin avisar: un atropello, una torsión gástrica, una obstrucción intestinal por un juguete. La forma barata de prepararse no es un seguro necesariamente — es tener un fondo separado y saber de antemano a qué clínica de urgencias vas a las tres de la mañana, porque buscarla en ese momento cuesta tiempo que a veces no hay.

Dónde se ahorra de verdad y dónde no

Se ahorra manteniendo el peso correcto — la obesidad es el multiplicador de casi todos los gastos veterinarios posteriores —, aprovechando las campañas públicas de esterilización y vacunación antirrábica, y comprando el antiparasitario en la presentación correcta en vez de partir dosis.

No se ahorra saltándose el antiparasitario externo, ni estirando los refuerzos de vacunas de cachorro, ni cambiando a la croqueta más barata del mercado en un perro con la piel delicada. Esas tres son las economías que se pagan después, con intereses.